viernes, junio 06, 2008

CASTELLANOS

Ángel Castellanos fue fichado la temporada del super-equipazo de Ramos Costa, como uno de los mejores centrales del país. No en vano, en esa posición jugaba en el Granada, donde había relevado a nuestra famosa hermanita de la caridad Aguirre Suárez.

De ojos claros y con una perpetua poblada, y más tarde rala, barba. Según él, se debía a una cicatriz que enmascaraba con el vello facial.

El València se fijó en él gracias a un buen partido que hizo con la Selección en Escocia. Pero tras unos inicios nada halagüeños, fue recolocado en la media, y se fichó al gaditano Botubot para la defensa.

Entre tanto buen pelotero, contrastaba el estilo rudo, de pase corto, de faltas tácticas, de regates cortos pivotando en el medio del campo (si le hubiesen puesto yeso en los tacos de las botas, él solo pintaba la circunferencia del centro del campo), de constante e incansable trote, y muy amonestado por el árbitro, porque el hombre no era muy disimulado en romper el juego de ataque del rival.

Como anécdota personal, recuerdo un Espanyol-València de finales de los 70 en el viejo Sarrià, en que un rival local lo volteó, harto de sufrir codazos y faltas de Castellanos. Un sujeto incauto valencianista, rodeado por todas partes menos por una de aficionado hostil, gritó "¡¡¡hijoputaaaa!!!". Todavía no sé cómo salió vivo de allí. No existían las Brigadas Blanquiazules, pero los zarandeos y las recriminaciones verbales violentas fueron muy subidas de tono. Es que estábamos tan acostumbrados a ver faltas DE Castellanos, que cuando veíamos una falta nos hervía la sangre por tocarnos el orgullo de tumba-rivales.

Famoso por su penalty en Heyssel. Todos los valencianistas cerramos los ojos cuando fue a disparar un penalty que, de fallarlo, nos eliminaba. Recuerdo una voz del comentarista, "Castellanos nunca ha lanzado un penalty". Nos temíamos lo peor. Y cuando salió el balón de sus botas muy alto, directo al larguero, empezamos a sufrir un síncope. Cuando abrimos los ojos vimos el balón dentro. Sólo por la repetición pudimos comprobar que a la pelotita le dio por ir hacia dentro, tras chocar con el larguero. En ese momento supimos que la suerte estaba de nuestro lado.

Colgó las botas en nuestro club, y quien lo ha tratado asegura que tiene un carácter muy afable y simpático, lejos de su imagen de leñero y serio jugador.

Foto: www.ciberche.com