viernes, octubre 03, 2008

WALDO

Waldo Machado da Silva fue uno de los nombres insignes de nuestra historia. Brasileño nacido en Niteroy, jugó el partido de homenaje a su compatriota Walter en Mestalla, fallecido en accidente de coche, como delantero centro del Fluminense. Tan bien lo hizo, que inmediatamente fue seguido por Vicente Peris hasta Río de Janeiro hasta conseguir su fichaje.

En su estreno liguero en la temporada 61/62 le metió dos golazos al Oviedo, y en los nueve años que jugó con nuestra camiseta se hartó de marcarlos, convirtiéndose en el segundo máximo goleador del club, con 160 goles, tras Mundo.

Su juego era una mezcla de técnica y potencia, con una velocidad de arranque tremenda que aprovechaba para superar a su marcador y volear en carrera o cabecear picando ante la línea de meta. Pero su gran ventaja era la inteligencia en desmarcarse y abrir huecos para que se colaran delanteros hábiles como Guillot y Héctor Núñez, así como para birlarle el balón a algún portero. También eran famosos sus lanzamientos de faltas plenos de potencia y colocación. Más de un jugador contrario salió arrugado o en camilla tras tatuarse un balón cañoneado por Waldo.

Con el València CF ganó las dos Copas de Ferias, y su mejor año fue 1967, en que consiguió el Pichichi de la Liga, dejando a 11 goles de diferencia a su inmediato perseguidor, y la Copa del Generalísimo ante el Athletic de Bilbao, en la que marcó goles importantísimos como el que eliminó en cuartos al Madrid en el Bernabeu, y sendos pares de goles a Betis en octavos y Elche en semis, con los que remontamos eliminatorias adversas.

Algunos de sus goles más famosos fueron los 4 que marcó al Barça en Liga la temporada 61/62 (6-2), y el golpe franco que supuso el 4-5 en Sarriá, remontando un 4-1 en una segunda parte primorosa, la temporada 67/68. Una de las mejores remontadas de nuestra historia, en que Waldo colaboró con otro gol. Pasarían 30 años hasta conseguir algo parecido (3-4 en el Camp Nou, remontando en 3-0 en sólo 30 minutos).

Tras algunos sustos, como un accidente de tráfico que estuvo a punto de costarle la vida, y alguna grave lesión, como una rodilla desecha tras una entrada criminal del barcelonista Torres, se le buscaron complementos por las intermitencias en su juego. Para aumentar su rendimiento se le fichó un ariete, en el sentido puro de la palabra, como aquellos medievales para abrir puertas difíciles, que le facilitase la apertura de grietas por las que hacer probar a los porteros las excelencias de su potente chut. Se trataba de Ansola, con quien hizo una muy buena pareja, pero a costa de debilitar la circulación de balón en el centro del campo.

Cuando llegó Di Stefano al club, jubiló a Guillot y Waldo. Necesitaba un equipo guerrero y joven, y el tándem que tantos éxitos nos había dado ya estaba con la luz de reserva. Waldo se fue al Hércules con su hermano Wanderley, que provenía del Málaga, donde jugaron brevemente hasta colgar las botas.

Posteriormente se quedó a vivir en nuestra ciudad, donde abrió la Cafetería Walgui con Vicente Guillot, con quien había formado un tándem explosivo y competitivo en el césped, causando la admiración por toda Europa y España, y se dedicó a la docencia futbolística. Actualmente es miembro de la Asociación de Veteranos del València CF, siendo un miembro activo de la misma, como en los partidos de este colectivo, donde tuve el gusto de conocerlo muy recientemente.

Fotos: www.ciberche.com, www.rincondesconexion.blogspot.com