sábado, marzo 01, 2008

PERSONAJES DEL TEBEO (12)


MARTZ SCHMIDT

Martz Schmidt es el pseudónimo del artista español Gustavo Martínez Gómez (Cartagena, 1922 - Elche, 1998), creador de personajes de tebeo humorístico como El doctor Cataplasma o El profesor Tragacanto.

Gustavo Martínez Gómez comenzó su andadura profesional en la historieta a finales de los años 40, publicando historietas humorísticas en revistas como Nicolás, Florita o Paseo Infantil. Por esa misma época trabajó como ilustrador.

En 1949 se trasladó a Barcelona, donde realizó historietas para la Editorial Clíper, para la que creó personajes como Toribio, Doctor Cascarrabias o Pinocho. Dos años después entró a formar parte del plantel de dibujantes de Bruguera. Durante los años 50 creó a numerosos personajes que forman parte de la memoria sentimental de generaciones de españoles. Destacan:
-Don Danubio, personaje influyente (1951).
-El doctor Cataplasma (1953).
-Troglodito (1957).
-El profesor Tragacanto y su clase que es de espanto (1959).

Alternó su trabajo como historietista durante esta década con otras actividades, como la escenografía, la pintura mural, o su integración en el grupo cultural La Buhardilla, en el que también participaban Lorenzo Gomis, Joan Perucho y Armando Matías Guiu. A principios de los 60, fundó el Martz Schmidt Studio, empresa de diseño y publicidad. A pesar de sus numerosas dedicaciones, no abandonó sus trabajos para las revistas de Bruguera, para quien continuó creando memorables personajes durante los años 60, como:

-La pandilla Cu-Cux Plaf (1962): parodia de folletín juvenil en que unos niños metidos a detectives se enfrentan al malvado Fantomas Pérez.
-El Sheriff Chiquito, que es todo un gallito (1962).
-Don Trilita (1964).

Escribió también historietas para el personaje de Doña Urraca, tras la muerte de su creador, Jorge. Precisamente Doña Urraca es la protagonista de una de las más celebradas obras de historieta de Martz Schmidt, la historia Doña Urraca en el castillo de Nosferatu (1972), que apareció en la revista Súper Mortadelo. La obra tuvo problemas con la censura a causa de la aparición de unas atractivas vampiras, las Hijas de la Noche, por lo cual tuvo que interrumpirse su publicación en la página 24. Se trata de una parodia de la historieta de terror gótico, en la que aparecen, además de Doña Urraca, otros personajes de Schmidt, el profesor Tragacanto y su clase, y nuevas criaturas inspiradas en los clásicos del cine de terror, como Pakhoenstein y la condesa Nosferatu.

Martz Schmidt continuó trabajando para Bruguera durante las décadas de 1970 y 1980; en 1985, sin embargo, debido a los problemas económicos de la editorial, traslada su serie Cleopatra, reina de Egipto de la revista Mortadelo a Guai!, nueva y efímera cabecera cómica de la Editorial Grijalbo. A continuación siguió trabajando para Ediciones B, empresa que asumió la continuación de Bruguera, con nuevos personajes como Deliranta Rococó.

Gustavo Martínez Gómez murió en Elche el 5 de enero de 1998, víctima de un cáncer de pulmón.


EL DOCTOR CATAPLASMA

El Doctor Cataplasma apareció por primera vez en el número 1.139 de la revista Pulgarcito, de Editorial Bruguera, en 1953. Después se publicó también en otras revistas de la editorial.

Los protagonistas de la serie son el Doctor Cataplasma y su criada Panchita. El Doctor es bajito, de cabello largo y blanco, que siempre lleva cubierto con una enorme chistera, con una gran nariz y una barba blanca que le llega casi hasta el suelo. Panchita es una alta y gruesa mujer de raza negra, que se cubre la cabeza con un pañuelo y lleva a menudo delantal. El contraste físico entre ellos es un rasgo humorístico que aparece también en otras series del autor, como Deliranta Rococó.

El Doctor Cataplasma, como es evidente, se dedica a la medicina, pero también a la experimentación con todo tipo de mejunjes. Suele tener problemas económicos, por lo que elude hábilmente las peticiones de aumento de sueldo que constantemente le hace Panchita, quien, aunque nominalmente es su criada, es la que lleva las riendas de la casa. Las historietas suelen desarrollarse en el ámbito doméstico.

Un personaje secundario de cierta relevancia es la señora Millonetis, de quien Cataplasma espera recibir ayuda económica, por lo que se pliega a todos sus caprichos.

Nacido en 1953, está inspirado en un clásico de la prensa norteamericana de principios de siglo: The katzenjammer kids, creado por Rudolph Dirks y continuado por Harold Knerr. El doctorcito (sombrero alto incluido) está inspirado gráficamente en el personaje de John, el inspector, camarada de armas del capitán y a menudo también víctima de los niños terribles, pero ahí acaban las similitudes. Nuestro doctorcito es más castizo y además se hace acompañar de su criada Panchita, único ejemplo de criada de color en toda la historia de Bruguera, acado inspirada en la Hattie Mc Daniel de Lo que el viento se llevó, con su aspecto remanente de un pasado colonial que también recuerda la ambientación de la serie de Knerr.

Las vicisitudes del doctorcito oscilan entre la oposición de caracteres con su inocentona criada en delirantes peripecias domésticas y las múltiples dolencias de la señora Millonetis, casi única fuente de ingresos del aprovechado doctor, quien no duda en diagnosticarle una enfermedad duradera con tal de seguir cobrando. Las continuas reivindicaciones salariales de Panchita se ven siempre abocadas al fracaso y contribuyen a acentuar la ambigüedad de las relaciones laborales entre amo y criado típico de la Escuela Bruguera. El tono de la serie se mantiene dentro de los límites del humor absurdo en sus mejores años, para evolucionar posteriormente hacia la comedia ligera en manos de otros guionistas, y de los dibujantes de su escuela.

Las aventuras del doctor Cataplasma se desarrollan en historietas autoconclusivas, casi siempre de una sola página. Esta es la unica de sus creaciones clásicas que continuó publicando en los últimos años, ya en solitario o en manos de los artistas de su equipo, pues él se dedicó preferentemente a Deliranta Rococó. El Doctor merece un puesto de honor entre los clásicos de la historieta cómica española. Sin olvidarnos de la entrañable fámula. Ella es el perfecto contrapunto humorístico del Doctor, y de hecho, Schmidt repitió el esquema en creaciones posteriores. El protagonista bajito con poblada barba o bigote parece ser su preferido: Troglodito, Tragacanto, Rasputín o El Sheriff Chiquito corresponden a este arquetipo iniciado con el doctor. Y a su vez sus respectivos oponentes lucen orondas formas y elevadas estaturas: La esposa de Troglodito, El bedel Petronio, el indio Ojo de Canguro.


EL PROFESOR TRAGACANTO, Y SU CLASE QUE ES DE ESPANTO

El profesor Tragacanto y su clase que es de espanto comenzó a publicarse en 1959 en la revista Pulgarcito, y continuó apareciendo en las décadas siguientes en ésta y otras revistas de la Editorial Bruguera.

La serie está protagonizada por el profesor Tragacanto, calvo, bajito y barbudo, vestido siempre con un traje negro y tocado con un característico birrete. Tiene cierto parecido físico con el Doctor Cataplasma. Satisfecho de sí mismo y continuamente malhumorado, su gran obsesión es mantener su prestigio ante sus alumnos y ante el bedel Petronio, su principal antagonista en la serie. Petronio es grueso, bobalicón y lleva siempre su convencional uniforme de bedel, de color rojo (cuando las historietas se publicaban en color). Entre los chicos de la clase, destacan Jaimito, el gamberro, y el sabelotodo Vicente.

A pesar de un planteamiento tan convencional, Martz Schmidt fue capaz de sacar un extraordinario partido a la serie desde el punto de vista gráfico.

Los personajes de la serie aparecen también en otra historia del mismo dibujante, Doña Urraca en el castillo de Nosferatu (1972).

El Profesor Tragacanto, siguiendo la tónica de los personajes minúsculos y barbados de su autor, resulta, como todos, un simpático perdedor, constantemente frustrado por su intento de ascender en el escalafón, que ha de lidiar constantemente con los niños terribles de su clase y con el incompetente, aunque simpático, Petronio. A su vuelta en los años 70, Schmidt retomó de nuevo su serie, con un estilo más nervioso y vivo que nunca. Tras la creación de la escuela, deja la serie en manos de sus discípulos para centrarse en su serie preferida de los últimos años, Deliranta Rococó. Tragacanto disfrutaba de su primer serial, con guión y dibujos del sinpar Ardil cuando las revistas de Ediciones B fueron canceladas en 1996, dejando inconclusa la aventura.


PEPE K.O.

Martz Schmidt tenía preferencia por dibujar hombrecitos. La alternativa, la supone la figura elefantesca de Pepe K.O.. En la línea de Petronio, el portero del profesor Tragacanto, o Deliranta Rococó, Pepe K.O. opone su descomunal silueta y poder físico a las menguadas fisonomías del mencionado profesor, el doctor Cataplasma, el sheriff Chiquito, Sófocles, Prudencio, Trogolodito, Rasputín o el último Don Usurio, todos ellos personajes usuarios de talla infantil.

Sus características fundamentales son la fortaleza y la tosquedad y su encuentro con el genio, en el DDT de la 3ª época número 137, tiene visualmente el impacto del choque de dos paquidermos excitados. Martz Schmidt dibuja en este momento (marzo de 1970) con un estilo nervioso, alterado, alejado de los suaves contornos característicos de los primeros Cataplasmas, casi veinte años atrás.

Todavía no ha llegado al barroquismo exacerbado y excesivo de las desquiciadas historietas de Doña Urraca que dibujará en los próximos años, pero se detectan síntomas de que está en camino.

Además, en la década anterior ha estado dibujando historietas de personajes de Vázquez (Cebolletas, Ángel Síseñor y Gildas) y la asunción del expresivo trazo vazquiano ha dejado huella en sus propios trabajos. Las formas de los cuerpos y miembros de los personajes se tornan caprichosas y se transforman al antojo del devenir de la acción. La historieta se lee a empellones, de tal manera que casi podría decirse que es la historieta la que lo lee a uno y no al revés.

Argumentalmente, resulta conmovedor que Pepe K.O., tras satisfacer sus impulsos más groseros, y en aras del amor que siente por Pocholina, aspire a que se obre el milagro de que el genio lo convierta en una persona refinada. Tal solicitud, como no podía ser de otro modo, resulta inalcanzable para los limitados poderes del genio. De cumplirse este último deseo, Pepe K.O. perdería su esencia.

Pepe K.O. es un gigantesco bruto frente a su pequeño-y tiránico- jefe o a la escuálida portera.
En una época en la que predominaban sus personajes pequeños y retozones, Schmidt le dio la vuelta al estereotipo creando este bruto grandote e inocentón capaz de las mayores barbaridades. La fuerza bruta del personaje es explotada en sus historietas dentro del habitual tono de humor absurdo. Por ejemplo: es capaz de estar una semana sin afeitar y depilarse guardando los pelos para venderlos como agujas de microsurco; o de dejar a media ciudad a oscuras porque, después de una merendola campestre, ha utilizado como mondadientes un poste de la luz. Pepe es oficinista, y su vida transcurre entre ésta y su relación con su enclenque jefecito, su casa y la entrometida portera, o con su novia Purita y su mamuchi. La serie fue breve pues su autor se ausentó de Bruguera a mediados de los años sesenta, pero la simpatía que le caracterizaba –común a todos los personajes de Schmidt- y algunas reediciones durante la década siguiente, mantuvieron vivo su recuerdo entre los lectores.


EL SHERIFF CHIQUITO

Nueve años después de la creación del Doctor Cataplasma y tres más tarde de haber dado a la imprenta al profesor Tragacanto, apareció el tercer mellizo de barba blanca nacido de la hábil plumilla de Schmidt, el Sheriff Chiquito. Instalado como complemento humorístico para revistas de aventuras (pasó por el Jabato Extra y por el Capitán Trueno Extra) terminó situándose en las revistas más ambiciosas de la editorial, Gran Pulgarcito y Superpulgarcito, al iniciarse la década de los setenta.

Donde el buen doctor gastaba chistera y el maestro de la clase espantosa usaba birrete con borla, el representante de la ley en el oeste, se cubre la cabeza con un aparatoso Stetson que cambia de forma, pero mantiene siempre unas grandes alas. Por lo demás, dos revólveres al cinto y la consabida estrella de sheriff completan el atavío de la nueva versión del mismo venerable a la par que dinámico personaje de Schmidt.

La del Sheriff Chiquito es una serie que, aparentemente, se limita a utilizar superficialmente la iconografía del western, pero, lo cierto es que, de poder revisarla a fondo, sin duda se encontrarían en ella numerosos guiños a momentos cumbres del género (en su vertiente cinematográfica). Como en una historieta del número 67, en la que Schmidt reproduce el mítico contraluz en el hueco de una puerta que John Ford instauró para John Wayne en Centauros del desierto (The Searches, 1956) y que luego fue copiado hasta la saciedad. Y otro guiño al film dirigido por Marlon Brando, El rostro impenetrable (One-eyed jacks, 1961), excelente película que cosechó la Concha de Plata del Festival de San Sebastián de aquel año, que aparece en el Gran Pulgarcito número 71.
RASPUTÍN

A diferencia de Sófocles, que se limitaba a lucir el nombre del autor de Antígona, Rasputín tomaba no sólo el nombre, sino también el aspecto y la indumentaria de El monje loco, un hipnotizador y curandero que dirigió desde la sombra los destinos de Rusia al poner bajo su influencia a la zarina Alexandra allá por los primeros años del siglo XX y que asombró al mundo con su capacidad amatoria y su invulnerabilidad (a la que se puso fin drásticamente, siendo asesinado el 31 de diciembre de 1916 envenenándole, disparándole, golpeándole la cabeza, arrojándole al río Neva y extrayéndole, finalmente, el corazón y castrando su cadáver). Claro que las ocupaciones del personaje de Schmidt que empezó a aparecer en los ejemplares de DDT a partir de septiembre de 1957 sustituyendo a la serie Mi tío Magadaleno (de un Conti demasiado absorbido por la tarea de dirigir el Tio Vivo independiente) eran mucho más inocentes que las del personaje histórico que le sirvió de modelo. En general, eran tan inocuas como las de Sófocles o Prudencio, los otros personajes de Schmidt que disponían de menos de una página para desarrollar sus peripecias. Como pasa con ellos, muchas de las historietas de Rasputín revelan soluciones ingeniosas y sorprendentes a problemas cotidianos.

En una de las primeras, ante la imposibilidad de portar simultáneamente dos maletas y una sombrilla, termina sujetando esta con la barba que, milagrosamente, adopta la forma de una tercera mano. Así, desde sus primeros pasos, vemos que el rasgo que distingue a Rasputín de sus predecesores es esa larga barba negra a la que Schmidt sabe sacarle juego cómico, como en otra historieta, en que la dificultad para lucir una corbata es vencida irrisoriamente por su menudo personaje atándose la barba por encima de la cabeza.

Aparte de las posibilidades argumentales que la barba de Rasputín podía brindarle a la inspiración de Schmidt, uno de los recursos más utilizados por éste es el de poner a su personaje en una situación que le haga transformarse de la manera más sorprendente posible. Como en una historieta en que Rasputín se ve convertido en una especie de zángano tras ingerir grandes dosis de jalea real, un producto que debía estar de moda especialmente en aquellos años y cuyas propiedades parecían casi milagrosas. Unas semanas más tarde, en otra historieta, Rasputín, intentando sintonizar un televisor (de los poquísimos que había en España por aquel entonces) termina convertido en una especie de “interferencia”.

Cuando acude a un cine y ve una película en el innovador formato del cinemascope, el barbado hombrecito sale de la sala convertido en una versión panorámica de sí mismo. En otra ocasión vemos cómo culmina la historieta convertido en émulo de Dalí al ayudarse de dos globitos que elevan las guías de su bigote. Por cierto, que el artista ampurdanés, sin duda el pintor que gozaba de mayor popularidad de entre todos los del siglo XX, no fue en esta la única ocasión en la que fue homenajeado por Schmidt, como en una historieta de Prudencio, en que el timorato personaje efectúa una serie de complicados estudios y controles médicos para cerciorarse de que podrá resistir una conferencia daliniana en la que el pintor de “El gran masturbador” explica el sentido de su obra. Como no podía ser de otro modo, tratándose de una historieta brugueriana, y tal como se puede comprobar en la imagen colgada ahí al lado, la importancia del percebe se revela capital para explicar el surrealismo.

Por otra parte, Rasputín, que por lo común se presenta como un personaje solitario, parece que tiene familia, pues, preguntado por una señora con la que evidentemente convive, sobre lo que está haciendo, éste asegura que está arreglando un juguete “del niño”. Y podemos también atrevernos a afirmar que Rasputín era aficionado al morapio pues si antes le veíamos ilusionarse por un porrón, en una historieta se propone vaciar un barril que provoca una gotera por el sistema de colocarse debajo con la boca abierta.
DELIRANTA ROCOCÓ

Deliranta Rococó, creada por la guionista Montse Vives, narra las desventuras de una dama de postín con un nivel gráfico extraordinario al reproducir fielmente las magníficas y lujosas mansiones e interiores como corresponde al rango de la protagonista. Era una ricachona que vivía en una mansión que por fuera parecía una chabola superpequeña, y dentro era como un palacio. Tal era el detallismo y la precisión de sus decorados, que en una historieta que transcurre en Venecia, los entintadores no se atrevieron a pasar su extraordinario lápiz, reproduciéndose directamente mediante una técnica de contraste.

Al contrario que en otros arquetipos, el enorme tamaño de la protagonista contrasta con el escuchimizado mayordomo Braulio, la réplica perfecta a su carácter histriónico, hombre bajito, calvo y de pelo blanco que sigue fiel a su señora, pero que evidencia un clarísmo rencor hacia esa mujer cínica y cruel , que tiene la desfachatez de llamarle "menordomo", y que se queja de la dieta de patatas a la que le somete Deliranta Rococó, mientras ella, sobre todo, y el pájaro, el gato y el perro de la señora comen viandas de auténtico lujo.

La serie, divertida y desmadrada, se concentra básicamente en generar gags a partir del sobrepeso de la protagonista y en los constantes enfrentamientos entre Deliranta y Braulio, que se reparten las burlas y los trancazos.

Deliranta fue la dedicación exclusiva de su autor –con ayuda de varios guionistas- y hasta se atrevió a embarcarla en locas aventuras seriadas con guión propio e introduciendo otros personajes de su cosecha como: Olimpín y Miss Fly, la clase del profesor Tragacanto y hasta una recreación de Doña Urraca y el clima de horror en una nueva vuelta de tuerca a su clásico El Castillo Nosferatu.


TROGLODITO

El paso de este personaje por el mundo brugueriano fue breve y disponemos de poquísimas historietas quemostrar. Se puede afirmar, a pesar de ello, que, y además de destacar su sorprendente y evidente similitud física con su hermano gemelo Rasputín, Troglodito es un personaje atípico dentro de la carrera de Schmidt y de los tebeos Bruguera en general. Por un lado, es un precursor del tema prehistórico, antecediendo al Hug de Gosset en ocho años y por otro (lo que es más importante) protagoniza una serie familiar de estructura compleja e inédita, al incluir una tía solterona que comparte protagonismo con el matrimonio y sus dos hijos pequeños. Es una serie que revela que los problemas de la Humanidad vienen de lejos. En la prehistoria ya había cuñados.

Quizá el tono desenvuelto con el que Schmidt retrataba a la institución familiar (de la Edad de Piedra, pero llena de citas anacrónicas), que creemos adivinar en las escasísimas historietas que se han podido leer, explique lo efímero del paso de Troglodito por la revista Pulgarcito.

Troglodito es una exquisita recreación en clave de humor absurdo de las vicisitudes de un padre de familia de clase media… con la particularidad de que sus desventuras transcurren en una hipotética Edad de Piedra, poblada por simpáticos monstruos antediluvianos y brutos hombres de las cavernas. Los niños con sus simpáticas travesuras son protagonistas de muchas historietas, una constante en la obra de Schmidt, que aporta ternura a la par que diversión. Otra constante es el movimiento continuo, en una de las obras más preciosistas de su autor, que lamentablemente fue cancelada prematuramente a causa de la ausencia del autor durante la década de los sesenta (pero que siguió presente en el resto de la historia de Bruguera a través de reediciones) y que favoreció el despegue de Hugh, el troglodita, de Jordi Gosset.

La realización gráfica de Troglodito coincide con la travesía de Schmidt por su mejor momento estilístico. Se halla en un punto culminante en su evolución como artista, ese punto en el que dibuja con facilidad y gusto asombrosos y el dominio de su arte ha alcanzado el culmen .