viernes, abril 11, 2008

LA COPA 94-95

En la antesala de otra final, no estaría de más recordar una temporada parecida a ésta, en que llegamos también a la final de Copa, aunque el resultado final no fue el esperado. Fue la temporada 1994-95.

La primera ronda eliminamos al Corralejo de Fuerteventura, equipo de 2ª B. El partido de ida sólo pudimos empatar a 2 (Gálvez, Arroyo), y el partido de vuelta jugado en el exilio de Castalia, goleamos 5-0 (Penev 3, Fernando, Salenko).

El siguiente rival fue el Salamanca de 2ª. Perdimos 2-1 en El Helmántico, lo que nos obligó a sacar toda la caballería en la vuelta: 3-0, con goles de Fernando, Camaraza y Álvaro.

En cuartos ya nos tocó un hueso duro: el Real Madrid. El partido de ida en el Bernabeu jugamos un partidazo, con sendos goles de Oleg Salenko, en el mejor partido que jugó como valencianista. En la vuelta se adelantó el Madrid, pero en unos minutos finales apoteósicos que hicieron subir la baja autoestima de la plantilla (deambulábamos por mitad de la tabla), Pedja Mijatovic y Fernando pusieron el 2-1 definitivo.

En semifinales nos tocó el Albacete. En un partido para olvidar en Mestalla, no pudimos pasar del empate a 1 (Penev de penalti). ¿Para olvidar? ¡No! Fue el vaso que colmó la paciencia de Paco Roig, destituyendo al reciente campeón mundial Carlos Alberto Parreira, que se fue con su filosofía de dos jugadores por puesto, su rampa y piscina en Paterna, sus frecuentes análisis de lactosa, y su Moacir Santana con ordenador a pie de campo incorporado. El segundo, José Manuel Rielo, cogió las riendas de un caballo sin rumbo a tres jornadas del final liguero, y con una vuelta complicada en semis coperas. Y logró el objetivo. En un partido muy serio, ganamos 1-2 en el Carlos Belmonte (Roberto y Lubo Penev) en medio del griterío de la hinchada valencianista: "¡Sí, sí, sí, nos vamos a Madrid!".

En la final nos encontramos a un super-motivado Deportivo de La Coruña. Demasiado reciente su fiasco liguero del año anterior. Provocado por nuestro equipo, por más señas. Era la final que todo el deportivismo pedía: vengar la afrenta del penalti de Djukic. Se jugó en el Bernabeu (por entonces no ejercía Torres), y el Depor era favorito. Comenzó el partido de poder a poder, y a la media hora, en un despiste del Chufa Giner, Manjarín se escapó y batió a Zubizarreta. La segunda parte salimos a remontar, y un diluvio impresionante llenó de granizo el césped del Bernabeu. Antes de interrumpirrse el partido dio tiempo a Mijatovic a batir a Liaño en un gran lanzamiento de falta. Se suspendió el partido a falta de 11 minutos.

La vuelta se disputó tres días después. Al comienzo de la reanudación, Zubi salió al borde del área para comprobar si todavía había caracoles, y pasó por allí un tal Alfredo, que lo más significativo que había hecho era calentar el banquillo del Manzanares y Riazor, y nos dejó como un coitus interruptus: con trempera extrema, pero sin poder mojar. Imposible fue deshacer el resto de tiempo la pifia de Zubi, en una de aquellas genialidades del portero guipuzcoano con que alternaba en ocasiones sus buenas actuaciones. La lluvia cesó, el Depor cumplió su dulce venganza ganando su primer título nacional a costa nuestra, el Rey pudo por fin descansar de sus rituales deportivos, y nosotros fichamos a Luis Aragonés para intentar poner un poco de orden en una plantilla sobrevalorada. ¿Haremos lo mismo este año?

Foto: www.ciberche.com