sábado, marzo 22, 2008

PERSONAJES DEL TEBEO (15)


MANUEL VÁZQUEZ

Manuel Vázquez Gallego (Madrid, 1930 - Barcelona, 1995) fue uno de los dibujantes y guionistas de historietas más importantes del siglo XX. Su padre era un modesto trabajador ferroviario y sus abuelos habían sido sastres de la Casa Real. En su niñez se codeó con los humoristas Wenceslao Fernández Flórez y Enrique Jardiel Poncela, que eran amigos de la familia; este último imprimió en Vázquez su amor por el absurdo. Vázquez fue siempre, a pesar del oficio de sus abuelos, irreverente, marginal, bohemio e ideológicamente anarquista. Siempre atravesó problemas económicos, de los que salía con un descomunal talento para el sablazo y un ingenio fuera de lo común.

Inició su carrera en la década de los 40 como dibujante y guionista en Maravillas, suplemento infantil de la revista Flechas y Pelayos. A finales de la década se convirtió en uno de los principales autores de la barcelonesa Editorial Bruguera, en la que empezó a trabajar en 1947. En sus revistas Pulgarcito, El DDT, Tío Vivo y Mortadelo creó sus imaginativos y anárquicos personajes, entre ellos Mr. Lucky, Heliodoro Hipotenuso, Las Hermanas Gilda (dos solteronas: Leovigilda, delgada, agria y mandona, y Hermenegilda, gruesa, ingenua y dominada; Leovigilda intenta frustrar siempre a su hermana pequeña y ambas representan la frustración y represión sexual de posguerra), La familia Cebolleta (cuyo abuelo, obsesionado con contar batallitas, ha pasado al imaginario colectivo y a la lengua común a través de la frase hecha: "Cuentas más batallitas que el abuelo Cebolleta"), Ángel Siseñor, Feliciano, Arturito el Marcianito, La Osa Mayor, Agencia Teatral, La Familia Churumbel (unos gitanos que viven al margen de todo), La Abuelita Paz, Ali-Oli, Vendedor Oriental, Angelito (o Gugú), La Mansión de los Espectros, el Inspector O’Jal, el Inspector Yes, el Tío Vázquez (muy autobiográfico), o Anacleto, Agente Secreto.

En la revista Jauja, de Ediciones Druida, Vázquez publicó la serie Yo, dibujante al por mayor e historietas como La mirada o 7 maneras de hacerse millonario. También aparecen Los casos de Ana y Cleto (retitulado más tarde Tita y Nic para su publicación en otra editorial).

En su última etapa, tras la desaparición de Bruguera en 1986, se consagró al publico adulto con los álbumes ¡¡Vámonos al bingo!!, Historias verdes, Sábado sabadete, Gente peligrosa, Más gente peligrosa y personajes como Don Cornelio Ladilla y su Señora María, que formó una serie de varios álbumes. Colaboró también en publicaciones como El Papus o Makoki (con el pseudónimo de Sappo) y en el suplemento infantil de El País.
Ediciones Glénat editó la mayor parte de sus últimos trabajos.


En 1990 fue galardonado por el conjunto de su obra en el Salón del Cómic de Barcelona. En junio de 1991 se estrenó en la sala Olimpia de Madrid, Operación Ópera, espectáculo teatral montado por Ignacio Garcia May y Juan Antonio Vizcaíno. La obra tiene como protagonistas a Aniceto (Anacleto) y las hermanas Morgan (Las hermanas Gilda). Vázquez hizo unos excelentes decorados y ese mismo año realizó tiras de actualidad para El Observador.

Como curiosidad, cabe mencionar que en el número 6 del fanzine erótico granadino Espuma aparece una historia de Vázquez realmente inusual. Se trata de una historieta pornográfica en la que el propio Vázquez anima a sus criaturas más conocidas: las Hermanas Gilda y Anacleto, a practicar un menage a trois, con resultados, como se puede esperar, escandalosos e inesperados.

Manuel Vázquez ha supuesto una gran influencia en los historietistas posteriores y coetáneos. Incluso Francisco Ibáñez se ha situado siempre como uno de sus grandes admiradores.

En 1996 o 1997, Ediciones Veleta consiguió que el Ayuntamiento de Granada le dedicara una calle de la ciudad a dicho dibujante. Al acto acudió su hijo al que se le dio una copia de la placa.


LAS HERMANAS GILDA

Las hermanas Gilda es el título de una serie de historietas protagonizadas por dos hermanas solteronas, llamadas Leovigilda y Hermenegilda, que viven juntas. La serie apareció inicialmente en Pulgarcito y posteriormente en otras publicaciones de Bruguera, como Gran Pulgarcito o El DDT.

Leovigilda y Hermenegilda son muy diferentes entre sí: Leo es alta y delgada, de pelo rubio; Herme es morena, rellenita, con el pelo recogido en un característico moño. Ambas son poco agraciadas. Leovigilda es más madura, escéptica, severa y con un carácter agrio, mientras que Hermenegilda es inocente, tontorrona y fantasiosa, llena de frustres y desgracias, y persigue incansablemente un marido. Las dos son unas solteronas que desearían estar casadas, y mientras Hermenegilda busca felizmente pareja, Leo la trata con recelo, pues es un poco amargada. Sin embargo, su búsqueda de novio siempre resulta infructuosa, muchas veces es la propia Leo quien frusra los planes de su hermana. Su convivencia es una continua fuente de conflictos en los que, como es característico de las historietas de Bruguera, abundan las agresiones físicas. El típico dúo humorístico de la época, con un listo no tan listo y un tonto no tan tonto.

Las hermanas Gilda, fueron junto a Heliodoro Hipotenuso sus primeros personajes en Bruguera, para la revista Pulgarcito. Aunque han pasado por el DDT y otras revistas de Bruguera. Parece ser que se llamaron así por el film Gilda, de Rita Hayword, película que en aquellos años de posguerra en España era un escándalo.

Como curiosidades, las dos hermanas han tenido su emisión de sello en España. En los años 60 la obra de Vázquez comienza a ser realizada por el equipo de la editorial Bruguera, sin intervención de su creador. En una de las historietas de las hermanas Gilda, aparece un cartel que dice "Reward'', y sale dibujada la cara de Vázquez. El autor una vez pidió un aumento de sueldo al editor, pues le dijo que padre había fallecido y tenía que pagar el entierro. Días después la casualidad quiso que el padre de Vázquez se pasara por la editorial para ver a su hijo.


ANACLETO, AGENTE SECRETO

Anacleto, agente secreto es una serie de historietas creada a mediados de los años 60 para las revistas de la Editorial Bruguera, y protagonizada por el personaje homónimo.

La serie es una parodia de las novelas y películas de espías; según algunos, el modelo de Anacleto sería James Bond; el propio Vázquez, sin embargo, aseguró en una ocasión que se había basado en Maxwell Smart, el protagonista de la serie televisiva Superagente 86. En Anacleto se hace uso continuado de todos los gags relacionados con el género: mensajes secretos, microfilms, agentes dobles, pasadizos, villanos, misiones, etc.

Anacleto se publicó en varias revistas de Bruguera, como Pulgarcito, El DDT, Din Dan, Gran Pulgarcito y Mortadelo.

El protagonista es un hombre joven, de pelo negro, con un característico mechón en el flequillo y nariz alargada. Viste traje negro con camisa blanca y pajarita. En la boca tiene permanentemente un cigarrillo. El otro personaje de la serie es el jefe de Anacleto, gordo, con la cabeza absolutamente calva y gafas. Para marcar iconográficamente la diferencia de status, el jefe fuma gruesos cigarros puros.

Uno de los temas recurrentes de la serie es la relación de Anacleto con su jefe. Éste manda a Anacleto a las misiones más difíciles, de las que sale frecuentemente mal parado, y le niega sistemáticamente los anticipos que su subordinado le solicita una y otra vez; por su parte, Anacleto procura engañar a su jefe siempre que puede. Este es el aspecto en que la serie toma un sesgo más costumbrista, e incluso de leve crítica social.

Los decorados, mayoritariamente urbanos, son minimalistas y esquemáticos, como es frecuente en la escuela Bruguera. Otro escenario frecuente es el desierto, en especial el del Gobi; acudir allí para realizar alguna misión es la fobia principal del protagonista. En varias ocasiones el malo de la historieta es el propio autor, bajo el nombre de el malvado Vázquez.

A Anacleto parece que le guste llevar la contraria a su jefe, el cual tiene un método muy eficaz para que le haga caso: ¡¡PLAF!! Lo malo de todo esto es que esta serie, junto a La familia Cebolleta, son las más ''negras''. Es decir, que Bruguera en los años 60 tenía un equipo de dibujantes y guionistas que hacían que Anacleto saliera a tiempo en las revistas, pues Vázquez era poco trabajador.

El guardarropa de Anacleto es similar al de Sean Connery en la serie de películas de James Bond que le hicieron mundialmente famoso. Lo que cambió durante algún tiempo fue el peinado de Anacleto. Durante algunos meses, entre los meses finales de 1965 y los comienzos de 1966, Anacleto se desmelenó. La gomina dejó paso a un desenfadado flequillo-beatle, en un momento en el que los cuatro de Liverpool habían alcanzado quizá el punto más álgido y universal de su éxito, justo antes de su sofisticación en forma de delirio psicodélico.

Las aventuras de este agente secreto que navega entre la torpeza, la ingenuidad, el empeño por el trabajo y las pullas de su inmediato superior son sencillamente divertidas, cuando no geniales. Vázquez emplea en sus historietas los recursos gráfcios y narrativos con una intelegencia antológica.

Aparte de la más o menos anecdótica cuestión del peinado, la criatura de Manuel Vázquez en estas historietas de su primera etapa tiene un jefe militar en lugar del burócrata al que tuvo que rendir cuentas en lo sucesivo y que se afianzó definitivamente en el papel de mandamás. Un militar de uniforme que significativamente lleva un interrogante en el lugar de los galones de oficial, una inteligente manera de dejar una puerta abierta a las interpretaciones más osadas. Este siniestro personaje al que vislumbramos primero entre sombras, deja ver posteriormente en otras historietas su rostro brutal y sus hechuras de sádico. Es amante de la tortura (física y psicológica), decantándose por la humillación cuando así se le antoja o por los instrumentos de tortura hechos “a propósito”, con intervención expresa de un forzudo verdugo de corte medieval.

El estilo de Vázquez en estas páginas es de una modernidad escalofriante, digna de las más atrevidas revistas satíricas de ultimísima hora, superando los márgenes del tebeo infantil de forma arrolladora. Estas historietas de Anacleto contienen un vigor expresivo verdaderamente transgresor y prueba de ello son las viñetas en las que siniestros soldados (con cascos iguales a los del ejército español) de afilados colmillos y ojos ojerosos, cumpliendo las órdenes del sanguinario oficial, se llevan a Anacleto a los sótanos para torturarle.

El humor nace fundamentalmente de las torpezas del protagonista. Como buen caricato, Anacleto hace su trabajo de agente secreto aplicando la mayor dosis de inoperancia de que es capaz, la cual cosa no es obstáculo para que su divisa sea “Anacleto nunca falla”. Contradiciéndola con verdadera dedicación, el agente a las órdenes de terribles “Masters of War” incurre en todos los yerros imaginables: es capaz de fotografiarse a sí mismo por usar la cámara al revés, o de robar los planos de una campaña de desratización o de un nuevo modelo de moda femenina.

Con posterioridad a esta etapa, vuelve la gomina y las anécdotas narradas no se diferencian mucho de las habituales en todas las historietas de Vázquez de una sola página. El héroe tiene problemas persiguiendo un papel que vuela, cierra puertas en las narices de su jefe repetidamente (una costumbre que también tiene Rosendo Cebolleta) o huye de su sastre (una de las constantes argumentales inconfundibles de Vázquez). Los siniestros militares terminarán por desfilar y desaparecer. El terror con galones de oficial dará paso a los fríos tecnócratas. Serán los nuevos tiempos.


ÁNGEL SISEÑOR

Decir siempre que sí no es tarea fácil. Y sin embargo, de la fecunda imaginación del Gran Vázquez surgió un personaje cuya esencia consistía en afirmar siempre “Sí señor”, fueran cuales fueren las circunstancias. Semejante ser, forzosamente, había de ser un ángel y así fue cómo su nombre estaba obligado a ser Ángel Síseñor.

En las primeras historietas, Ángel Síseñor es una persona servicial en el más puro sentido del término que, no sólo es incapaz de negarse a ayudar al prójimo, sino que está fatalmente obligado a hacerlo porque esa es su naturaleza. Tiene un aspecto bondadoso y carente de elementos caracterizadores, Pero su aspecto es lo de menos. Su caracterización es psicológica y representa uno más de los logros de su autor. Difícilmente, con una premisa tan coartante, se podía conseguir tal cantidad de soluciones argumentales. Ello tan sólo está al alcance de un gigante de su oficio, como lo fue Vázquez. Y se valió , tan sólo , de dos esquemas que, prácticamente, se sucedieron en el tiempo.

Es servicial porque no puede ser otra cosa, literalmente. Sea cual sea la exigencia (que muchas veces incurre en el abuso) Ángel Síseñor se apresta a brindar su auxilio incondicionalmente. Posteriormente, su “leit-motiv “ se convierte en el lema de lo inverosímil. Ya no es la respuesta atenta al desaprensivo que busca su ayuda, sino la afirmación de que lo imposible es posible, de que, por disparatada que sea la cuestión, para Ángel Síseñor no hay otra respuesta que “Sí señor”. Es entonces cuando Manuel Vázquez da rienda suelta a sus innumerables recursos imaginativos y traduce en imágenes “reales” los más absurdos sueños o las más improbables situaciones. En algunas ocasiones, Vázquez sucumbe a su afición de visualizar juegos de palabras (la especialidad de un personaje suyo posterior, el inspector O'Jal).

En las más antiguas historietas del personaje, Ángel Síseñor prácticamente repite su frase en cada viñeta en la que no está solo. Sólo modifica el “Sí señor” por un “Sí señora” cuando es obligado, y siguiendo sus andanzas, vemos cómo paga el recibo de la luz de todos sus vecinos de rellano, hace de rueda de un coche, intenta pasar moneda falsa, le da un habano explosivo a un guardia, es atracado por un ratero quien previamente le manda asegurarse de que no hay “moros en la costa”, estrella su coche contra un árbol, es atracado nuevamente, y ...¡¡y hasta se casa!! Y la causa de todos estos males no es otra que su propia naturaleza que le obliga, una y otra vez, a afirmar siempre, a no negarse jamás. Está tan enraizada la afirmación en su ser, que Ángel Síseñor tendrá que buscar el significado de la palabra “no” en un diccionario cuando se topa con ella.

En una historieta, emite un “No señor”, momento histórico de la serie, que le lleva en volandas a consultar a un psiquiatra, convencido de haber perdido su salud mental. Es a partir de ese número, cuando empiezan a abundar los argumentos en los que lo divertido ya no son las consecuencias de la sumisión de Ángel Síseñor, sino las sorprendentes e inverosímiles soluciones, los verdaderos “Increíble pero cierto” que permiten afirmar aquello que costaba de imaginar. Con mucha frecuencia (y este recurso es un rasgo estilístico del humor según Vázquez) la solución, la pirueta, la da el gigantismo, la desmesura. Otras veces, la sorpresa viene dada por las distintas maneras en que el protagonista consigue. “decir” su frase: mediante serpientes encantadas, con el humo de un cigarro, por telegrama, arrastrándose,dentro de un saco, por la arena de una playa...

Por parte de los que todo lo interpretan en clave política y “a toro pasado”, a propósito, sin duda, de los primeros años de la serie, algunos críticos han considerado que este era un personaje que simbolizaba el sometimiento del pueblo español al régimen franquista. Ángel Síseñor no es esclavo de la autoridad, sino de sí mismo. De su instinto natural, de sus limitaciones intrínsecas. Como todos y cada uno de nosotros, vivamos en la circunstancia política o social que vivamos


ANGELITO

Angelito, era un bebé con muy mala ostia que iba en un cestito dando botes y solo decía 'gu-gu'. El personaje es un niño de unos 2 o 3 años de edad, que siempre va saltando sobre un cascarón, una especie de cunita. Le suceden cosas imaginarias, que posiblemente sean creadas por su mente, pero que a veces 'duelen' a terceras personas. El personaje es muy travieso y lo que se propone lo quiere a toda costa. Se ensaña con los transeúntes con gamberradas de órdago, de las que sale siempre indemne y sonriente. La obra suele ser muda, pero hay páginas con texto en la que hablan otros personajes. El dibujo es sencillo, con un trazo suelto y rápido.

Angelito tiene al principio una carga de maldad que se supone imposible en un niño de corta edad que avanza a saltos dentro de su cestita, pero pronto se adentrará en el terreno del absurdo y del simbolismo para infantilizarse después en su última etapa, ya en los años 80.

Angelito Gugú era uno de los personajes más entrañables, pero de la teoría a la práctica hay un abismo. Gugú nació, como dice su autor, siendo un hijo de puta, era un verdadero terremoto, iba a hacer daño, a joder al personal, y se dedica a hacer todo tipo de gamberradas al personal. Tiene una fuerza asombrosa y una mala leche que le desborda. Desde el principio estuvo prohibidísimo, tenía que ser un niño bondadoso y abandonado.

Hallazgo impagable: un bebé que aún no sabe hablar, sobre su capazo, dando botes por el mundo, en una historieta muda de principio a fin. La peculiaridad del nene es su capacidad para crear conflictos, sin sufrir nunca las consecuencias. No hay facineroso que pueda con él, y es la representación más genuina del espíritu libre e inteligente, barnizado de una supuesta inocencia que no aparece por ninguna parte.

En 1982, el director de cine de animación Jordi Amorós realizó un cortometraje de 16 minutos basado en el personaje Angelito, bajo su nueva denominación: “Gu-gu”. Aunque fue un proyecto modesto, supuso el salto a la pantalla grande de Vázquez, una especie de reválida de todas esas décadas de éxitos.

La serie se llama Angelito, Gu-gú en la editorial Bruguera, apareciendo en revistas como Súper Mortadelo, pero en 1986, el personaje salta a otra revista (Garibolo) de otra editorial, donde ahora es llamado Gú-Gú.

A su vez, el Gú Gú que se editaba en la revista Garibolo, luego pasó a Ediciones B, dueña del fondo Bruguera, con recopilatorios bajo el nombre de Gu-Gu, en lugar de Angelito.


LOS CASOS DEL INSPECTOR O’JAL

El Inspector O’Jal supone un fantástico proceso de una página en el que O’Jal debe resolver intrincados misterios. Parodia de las series de detectives tan de moda las pasadas décadas (tanto en novela como por televisión), tanto la cuestión delictiva planteada como su resolución (que aparece en una última viñeta que se lee en vertical) son absolutamente absurdas, proponiendo en ésta al lector resolver el misterio que normalmente era una tontería, mediante emigmas por la más pura y absurda lógica.

Por ejemplo, el caso en el inspector O'Jal que logró dar con el transformado Don Edmundo, esposo de la desconsolada dama que encarga el caso a O'Jal, convertido en un objeto por un genio maligno. De todos los objetos posibles...O'Jal averiguó cual era realmente Don Edmundo.... porque......EDMUNDO ES UN PAÑUELO!!!!

Todos los chistes del inspector O'Jal de Vázquez trataban de coger un refrán y tomarlo literalmente... De esta forma los relojes vuelan porque el tiempo pasa volando, o el caballo engorda aunque no coma porque le mira mucho su dueño (el ojo del amo engorda al caballo), etc. y todos los chistes así.

Un inspector de aspecto vulgar, bigotillo, sombrero y traje negro, casi una parodia del Clousseau interpretado por Peter Sellers, pero de gran agudeza visula y atento detalle. Nunca quedó claro si O'Jal pertenecía al cuerpo de policía o actuaba por libre, aunque parece más probable lo segundo, ya que en uno de sus casos abanadona el escenario del crimen sorprendentemente sin solventar la situación, aduciendo en la última viñeta que como el empresario que le ha contratado está en bancarrota, nunca cobrará sus honorarios.


LOS CUENTOS DE TÍO VÁZQUEZ

Su última gran creación para el emporio Bruguera. Como ya se ha expuesto antes, es el propio autor desarrollando situaciones humorísticas en torno a su supuesta capacidad para ganarse acreedores. El ingenio del autor se traslada a su personaje, que sale victorioso siempre de los acosos de sus perseguidores. Los protagoniza el propio Vázquez, que se pinta a sí mismo como un moroso incurable, un vividor, un experto en el timo y un pedigüeño que nunca devolvía el dinero prestado ni pagaba las facturas.

Se trata de narraciones frescas, divertidas y poco moralizantes, aspecto sorprendente para la época y por la editorial que lo publicó, Bruguera, además haciéndolo en revistas juveniles.

Los cuentos del Tío Vázquez, son historietas en que da una vuelta más de tuerca a sus personajes, y acaba cachondeándose de él mismo. El tío Vázquez era en sus historietas un vividor, con más morro que un oso hormiguero, al que le perseguían los acreedores por todas partes, pero siempre sabía como desembarazarse de ellos con las artimañas más impensables.


LA ABUELITA PAZ

En línea directa con la anciana protagonista de la película de Alexander MacKendrick (de la que se realizó un estupendo remake hace unos años a cargo de los hermanos Coen) El quinteto de la muerte (1955), la Abuelita Paz (junto con Don Polillo, el otro miembro de la pareja de ancianos que Vázquez creó para Gran Pulgarcito en 1969 – a Feliciano ya lo habímos visto efímeramente en Pulgarcito-) se enfrentó sucesivamente con lobos feroces, cacos, hombres lobos, secuestradores, extraterrestres invasores y demás peligros aniquilándolos completamente por el sencillo procedimiento de ignorar por entero la amenaza que suponían.

Como en el caso del genio del bosque (un geniecillo diminuto que se encuentra atrapado no en un botella o en una lámpara mágicas, sino en la forma de un sapo, como si fuera un príncipe encantado), que se publicó en Gran Pulgarcito, la abuelita-apisonadora no tiene que vérselas con un representante del gremio del mal, sino con un benefactor (la otra variante de sus antagonistas) pero el resultado es, igualmente, el mismo: su anulación total. Las armas de la ancianita, uno de los personajes más temibles de todo el universo bruguera son la ingenuidad, la inocencia y el candor, elementos los cuales posee en grado superlativo y que llevan a cualquiera, amigo o enemigo, a la desesperación y el crujir de dientes. Una de las cumbres humorísticas de todas la escuela Bruguera.

La Abuelita Paz, anciana dulce, buena, y más peligrosa que McGiver en una ferretería, es increíble como una anciana tan dulce puede llegar a provocar las situaciones que suceden en sus historietas.


DON POLILLO

Don Polillo y la Abuelita Paz. En cierto modo, un mismo personaje en las dos versiones respectivas de su sexo. Ambos son urbanitas, viven solos, son independientes y tienen la capacidad destructora de un ciclón; ambos provocan el caos más tremendo sin proponérselo en absoluto y están llenos de buenas intenciones. En cuanto a potencia arrasadora, la Abuelita Paz gana a Don Polillo por goleada. Su existencia, una especie de exilio dorado en su propia burbuja guarda fuertes semejanzas con las de la anciana protagonista de El quinteto de la muerte, semejanza de la que da testimonio su habilidad para deshacerse de cuantos cacos y malhechores en general a ella se aproximan. También urbanita y también solitaria es la anciana amiga de los gatos inquilina de 13 Rue del Percebe, de Francisco Ibáñez.

A diferencia de los reseñados más arriba, otros ancianos (esos humanos que han vivido más décadas que uno mientras uno es joven y más años que uno cuando uno ya ha dejado de serlo) aparecen insertos en sendas familias: los abuelos de las familias Cebolleta y Churumbel, y la abuela de la familia Gambérrez (todos de Vázquez). Don Polillo era gráficamente una versión del Abuelo Churumbel con el sombrero cambiado); las ancianas, con el pañuelo a la cabeza y de marcado origen rural como la tía Genoveva de Mari Pili y Leopoldino (de Íñigo) y la abuela de Agamenón (de Estivill). Un caso singular lo constituyen los abuelos de Zipi y Zape por sobrevivir ambos miembros de la pareja y por su carácter episódico.


ALÍ-OLÍ

Vázquez creó Alí-Olí, vendedor oriental en 1968 para Tío Vivo, sin embargo, lo tenía en la cabeza mucho antes. Ya había aparecido en una historieta de Ángel Síseñor en el DDT.




Alí-Olí es un árabe enano, sobre su mini alfombra voladora, vende a sus víctimas todo tipo de objetos, que les van llevando a comprarle el siguiente. Parodia del vendedor capaz de colocarte cualquier cosa, no tuvo mucha aceptación. Impregnado de la ingenuidad falsa de Angelito.


LA FAMILIA CEBOLLETA

La familia Cebolleta, es una de las familias de las sagas que retrataron tanto Vázquez, como Francisco Ibáñez, pero despojada de la demoledora crítica de la institución que hace Manuel Vázquez. La comicidad reside en la interrelación de los personajes. Tanto Cebolleta como Trapisonda, historieta de Ibáñez, mantienen un esquema similar: el cabeza de familia (Don Rosendo y Pancracio) se muestra tiránico con la familia y adulador con el jefe, pero siempre acaba siendo víctima de su abuso de autoridad.

No se libran, los personajes Bruguera de que el paso del tiempo, incluso escenificado en un reloj de juguete, transforme su aspecto e, incluso, en algún caso, les haya hecho pasar de las manos de un dibujante a otro. El abuelo Cebolleta, miembro destacado y carismático del universo Bruguera, debutó en el semanario DDT, en 1951, en su número inaugural. Entre esta imagen inicial y la que luce en las portadas de los Olés, han mediado dos décadas y la irrupción del medio televisivo, al que se asoma tanto en el relojito de mentirijillas, como en la portada antedicha. En ambos casos, la pantalla del televisor ha desaparecido y el espacio vacío enmarcado por la caja del aparato sirve de escenario al personaje, equiparando al moderno electrodoméstico, con un secular teatrillo. El atascado y muy rudimentario mecanismo del juguete de la casa Guisval nos hurta la completa visión del patriarca de los Cebolleta al quedar oculto por las manecillas (tal vez con la inconfesada intención de impedirle que nos endilgue una de sus peroratas henchidas de heroicidad y erizada de peligros y cipayos).

Dentro de la familia Cebolleta, menuda familia, el pobre Don Rosendo las veía venir por todas partes, con su jefe, su familia, y sobre todo el abuelo Cebolleta, que si te pillaba te explicaba batallitas de la guerra hasta que reventabas, impidiendo en la mayoría de ocasiones que Don Rosendo logre su única ilusión: leer tranquilamente el periódico en casa. Otros personajes son la esposa, Leonor, el niño, Diógenes, y el loro, Jeremías.


LA FAMILIA GAMBÉRREZ

La familia Gambérrez, de ambientación campesina y tipos tan hilarantes como la abuela que hace bufandas a todo bicho viviente, un niño que habla del revés, con la letra de los bocadillos bocabajo, o un cerdo humanizado con gafas y un libro siempre bajo la pezuña, desarrollando un tipo de humor ya bastante cercano al absurdo.

En marzo de 1959, salió a la luz el primer número de Ven y Ven, otra revista de humor para jóvenes. Vázquez plasma para ella La Familia Gambérrez, una suerte de Familia Cebolleta de pueblerinos, en la que incluso participa un cerdo intelectual con lentes que recuerda al cerdo Violeto de Pepe Iglesias "El Zorro".


LA FAMILIA CHURUMBEL

La familia Churumbel, un clan gitano, en la que el motor lo constituyen los estrambóticos robos de Manué, el padre, o del Abuelo. La historieta (1960) narra las peripecias de un clan gitano en el que lo inusual, lo raro es el amor al trabajo. El hijo mayor es la oveja negra, el deshonor de la familia, cuyo particular código ético les obliga a procurarse el sustento sustrayendo cuantos “burro”, “serdo” o “gayina” encuentra Manué, el padre, a su alcance. La “joya” de la familia es el abuelo, capaz de los robos más audaces e increibles, como el de una locomotora, vagones incluidos, o el hilo telefónico de toda la ciudad formando un gigantesco ovillo. La madre y el bebé que siempre porta a su espalda (y que ya roba lo suyo) completan la figuración de esta serie ejemplar, marcada por un delicioso tono absurdo en un momento particularmente brillante en la carrera de su autor.

En la familia Churumbel, el abuelo "afana" incluso lo más impensable, cosa que no sucede con el cabeza de familia, que no da una a derechas. Los Churumbel constituyen una familia gitana que afana lo que puede. Desde el abuelo anciano (un Don Polillo con sombrero cordobés) hasta el bebé (el Churumbel churumbel). Hay, como en todas las familias, una oveja negra, el joven rebelde y contestatario que muestra gran entusiasmo por el trabajo, con lo que mata a disgustos a su atribulado padre ( humorística “puesta del revés” de los problemas generacionales que se suelen presentar en todas las manifestaciones creativas del subgénero de delincuentes juveniles).

En las historietas de la Familia Churumbel encontramos las características propias de Vázquez: la magistral expresividad que logran sus personajes con la mayor economía de trazos; su desvergüenza vitalista que se respira en cada viñeta (¡¡esa timba de cerdos!!); su habilidad para crear ambientes y tipos con el empleo de los elementos mínimos e indispensables; el disloque, en aras de la comicidad y la expresividad, de las leyes físicas y de las químicas; su genialidad, en suma.

Desde la primera viñeta (1960), nos hallamos inmersos en el “Mundo Churumbel”, con cuatro miembros de la familia actuando de un modo significativo: el hijo renegado (que tiene una expresión de “iluminado”, por cierto), el padre responsable, la madre abnegada y el hijo pequeño, que pone a salvo la continuidad de la tradición familiar porque roba ya antes de saber andar . Con un par de objetos, la vivienda de los Churumbel queda perfectamente descrita.

Al abuelo, auténtico patriarca del clan, le conocemos en la segunda viñeta y reconocemos en él a un maestro en su oficio. Sigue una viñeta de caracterización del personaje protagonista, en la que enciende su colilla de puro y le vemos dispuesto a iniciar sus andanzas.

Para ello Vázquez le dibuja un poco de fondo y le dota del palito típico (que desaparecerá poco después, porque le estorba al dibujante). Después seguiremos a Manué en sus afanes delictivos. Se le ve buscar en un vertedero y timar a un paleto. Al final, llega el desengaño.La Familia Churumbel está bastante más lograda que La Familia Gambérrez en su realización y en su comicidad.