viernes, mayo 09, 2008

ANTÓN

Antón fue uno de los mejores laterales izquierdos de nuestra historia. Pero no daba el perfil de lateral. Grandote, peludo y con patillas a lo Algarrobo, con las medias caídas, diríase que descendiente directo del eslabón perdido, este gaditano del Barbate chiquillocalzadense era un pura sangre que arrollaba con todo lo que encontraba a su paso. Los extremos derechos lo temían, y las vallas con las que chocaba, también.

Ídolo de la afición, por su vaciado en el campo, y por sus goles decisivos, el más conocido, el obús que colocó por la escuadra cuando finalizaba el partido en Sabadell el año 71, que nos hizo tocar la Liga con los dedos. Los cánticos de la afición hacían referencia a la canción de "La raspa" adaptada, o directamente a sus atributos más celosos y expuestos en el césped. Algo así como "El Valencia campeón, con los cojones de Antón".

Quiso disimular su incipiente calvicie, adelantándose a la canción de la Orquesta Mondragón, sin esperar a los cien años, motivo por el que la grada tuvo motivo de jarana durante un tiempo.
Una inoportuna lesión con la selección menguó su potencia, y su estrella se fue apagando hasta que la famosa tarde del Manzanares (5-2) de Ciric, hizo poner en sus maletas y las de Aníbal la etiqueta del aeropuerto de Valladolid.

En la actualidad vive en València, entrenando a los jóvenes y tratando de inculcarles el sacrificio y la generosidad en el campo. La calvicie incipiente se convirtió en no quedarle ni un pelo de tonto. Pero la gente de su generación todavía se acuerda de él y quisiera que hubiese once luchando en el césped como lo hacía Antón.

Foto: www.ciberche.com