lunes, febrero 11, 2008

PERSONAJES DEL TEBEO (9)


CIFRÉ


Guillermo Cifré Figuerola (Traiguera, Castellón, 1922 -Barcelona 1962) comenzó su carrera en los estudios de dibujos animados Chamartín, donde particìpó en la producciónde series como Civilón y Garabatos.

En 1947 empieza a trabajar para la Editorial Bruguera, creando series como El repórter Tribulete (1947), Las tremebundas hazañas de Don Furcio Buscabollos (1947), Cucufato Pi (1949) y Amapolo Nevera (1952), publicadas en Pulgarcito y DDT.

En 1957, junto con otros compañeros de la editorial, como José Peñarroya, Escobar, Carlos Conti y Eugenio Giner, crea una empresa independiente que comienza a publicar una revista nueva, Tío Vivo, manteniendo los esquemas típicos de las revistas Bruguera. Para esta revista Cifré dibuja nuevos personajes como Golondrino Pérez, Rosalía y El sabio Megatón (1957).

Tras el fracaso económico de Tío Vivo, vuelve a Bruguera, para la que continúa creando personajes como Pepe Despiste (1959), Cepillo Chivátez (1960) y Don Tele (1960).

Colaboró además en otras publicaciones ajenas a la editorial, como el diario deportivo Dicen, para el que creó la tira cómica Don Césped. A principios de los 60 realizó también trabajos para revistas de historietas británicas.

Su hijo, Guillem Cifré, también se dedica a la historieta, con colaboraciones para las revistas Mata Ratos, El Víbora y Cairo, realizando junto a Joan Navarro los álbumes Modernas y profundas y El Tío del final, y más tarde, en solitario, Artfóbia.


EL REPÓRTER TRIBULETE

El repórter Tribulete, que en todas partes se mete nació en 1947, y trata de forma satírica el ambiente en la redacción de un periódico imaginario, El Chafadero Indomable, que competía ferozmente con El Chismoso Insumergible, centrándose en las conflictivas relaciones entre el reportero Tribulete y su jefe, el director del periódico, cuyo nombre nunca se menciona, soliendo terminar el protagonista recibiendo golpes de su jefe por sus tropelías.

Como una curiosa anticipación al futuro de la prensa española de más éxito, ambos rotativos se dedicaban a los escándalos y a los chismes, con lo cual Tribulete resulta un protocrítico.

Tribulete es un personaje de pequeña estatura, de largo flequillo dibujado con simples trazos, de rostro afable y sonriente, y con una larga nariz apuntando hacia arriba. Este antihéroe basa su humor en la desgracia permanente, que suele tener como desenlace de las páginas alguna paliza o desdicha final.

Su jefe, mucho más alto y corpulento, es calvo y luce un pequeño bigote. Las diferencias físicas entre ambos refuerzan el antagonismo de los personajes y de sus roles en la historieta. Además de pagarle un sueldo miserable, solía recetarle unas broncas terribles por sus continuas meteduras de pata, o hasta rudas agresiones físicas que, no obstante, no provocaban su rebeldía.

Tribulete vivía en un piso de la Calle del Pez, del que más tarde era desalojado por deber las mensualidades de varios años. Posteriormente se instalaba en una pensión, y se las veía y deseaba para abonar sus gastos. Dado lo precario de su sueldo, a veces tenía que trabajar horas extraordinarias como fotógrafo ambulante. Eran famosas sus deudas y cavilaciones que realizaba calculando que, para terminar de saldarlas, tendría que vivir varios milenios.

No obstante, se ha querido ver en el personaje un cierto testimonio en contra de la ley del silencio periodístico imperante durante la dictadura franquista, aunque más bien se trata de una crítica menos sofisticada, más directa y contra la misma editorial a quien se adivina con afanes de explotación de sus dibujantes a base de grandes exigencias y retribuciones exiguas.

Al fallecimiento de Cifré, su personaje estrella, el reporter Tribulete, que creara gráficamente en 1947 siguiendo las directrices de Rafael González (quien se encargó asimismo, de los guiones), quedaba huérfano. Su cuñado Enrich se hizo cargo de la continuación de la serie en la revista Pulgarcito. Poniendo en juego su capacidad profesional, combinada con la respetuosa admiración del discípulo hacia el maestro, Enrich realizó un trabajo dignísimo, procurando honradamente dotar a la serie de un nivel que rayara a altura similar a la alcanzada por su creador, rechazando, además firmarla, intentando, en definitiva, no ser más que una anónima prolongación que hiciera pervivir a un personaje más allá del punto final al que la fatalidad había llevado a su autor.

Fue la serie más exitosa de Cifré, y continuó publicándose en varias revistas hasta la desaparición de Bruguera en 1986.

En 1995 el historietista Miguel Ángel Gallardo creó un personaje que parodia a Tribulete, llamado Perico Carambola.


DON FURCIO BUSCABOLLOS

Las tremebundas hazañas de Don Furcio Buscabollos aparece por primera vez en 1947 en la revista Pulgarcito.
La serie está ambientada en la Edad Media, sin ninguna pretensión de verosimilitud, y sus protagonistas son el caballero Don Furcio Buscabollos y su yegua Isabelita.
Don Furcio es bajito, calvo y con un largo bigote, que recuerda al de Salvador Dalí. Suele ir provistop de armadura, y se expresa en una extraña mezcla de castellano antiguo e italiano macarrónico.
Isabelita está provista del don del habla, y camina siempre sobre sus patas traseras, haciendo más bien el papel de escudera de Don Furcio.

Otros animales hablan (o mejor dicho, piensan) en las historietas de la editorial, pero como Atila, el perro de los Trapisonda, o Diógenes, el loro de los Cebolleta, su “humanidad” no trasciende del ámbito doméstico. Isabelita, en cambio, hace vida social, yendo regularmente al mercado y es vista (sin provocar la menor extrañeza) en compañía de su señor caminando por las calles, o compartiendo con él mesa en una venta o mesón. Por lo demás, su naturaleza equina no se revela en nada fuera de su aspecto externo. Ni da coces, ni galopa, ni piafa, ni hace nada de lo que se espera de un cuadrúpedo. Lo que sí hace, como toda criada que se precie, es compartir las estrecheces de la economía de su señor, y quejarse por lo menguado de su estipendio. Lo que no comparte con él es la jerigonza “italo-medieval” que el caballero emplea para expresarse, pues Isabelita habla con équida correción.

Como un eco de Don Quijote, la aspiración de Don Furcio es desfacer los entuertos que encuentra en su camino pero, a pesar de contar con el sentido común de Isabelita, suele salir malparado.

CUCUFATO PI
Cucufato Pi tiene, en apariencia, más suerte que los otros, pero la “extraña mujer” con la que intenta casarse resulta tan desconcertante como peligrosa. La condena que recae sobre él es peor aún que la que sufren sus colegas: tendrá que casarse y mantener a una numerosísima familia: 27 hijos y 93 parientes.