viernes, octubre 31, 2008

PABLO

A Pablo Rodríguez Flores lo rescatamos de la prolífica cantera de Mareo en 1978, mareándolo con cifras imposibles en una plantilla de mucho renombre. Inicialmente jugó en el Mestalla, pero Alfredo di Stefano lo subió pronto al primer equipo, haciéndolo jugar de titular en el comprometido partido de Hampden Park, en que teníamos que levantar una eliminatoria ante el Glasgow Rangers que sólo habíamos empatado a 1 en Mestalla, en una alineación explosiva con los canteranos Tendillo y Subirats. En aquel partido se licenciaron los tres con matrícula de honor, ganando 1-3, y deslumbrando al entendido público escocés. A partir de entonces se hicieron con la titularidad.

Era un jugador de algo más de 1 metro, tanto de alto como de ancho. Su menudencia física engañaba: arrollaba al incauto defensor que trataba de bloquearlo. De buen toque con la zurda, se largaba unos trallazos colocados e imparables. Difícil de derribar por su fortaleza física, su bajo punto de gravedad y su endiablada velocidad. Su aspecto era al uso de la época: con larga cabellera, bigote iñiguiano, y piernas de cowboy sin tejanos. Si lo plantas en medio de una mina asturiana de Madelmans, no desentonaba nada.

Jugó la final de Heyssel, marcando su penalti, y marcó dos goles muy importantes: uno contra el Barça en cuartos de aquella Recopa que ganamos, que nos dio la victoria en el Nou Camp, tras una finta al defensor, colándose en diagonal hasta la portería con gran velocidad y picando el balón al palo corto ante la salida del portero, y otro en la temporada de los infartos (82/83) al Espanyol.

Durante las cinco temporadas que estuvo en nuestro club, a pesar de no ser de los presumiblemente titulares, llegó a jugar muchos partidos, y metió sus golitos. Tras la aciaga temporada 82/83 marchó al Salamanca, y actualmente sigue, con su típica figura que si le pusiesen un palo atravesado parecería todo un jugador de futbolín, sin bigote, con escaso pelo blanco, pero arrollando defensores y metiendo zurdazos en los veteranos del València CF, para desgracia de porteros entrados en años, de los palos de las porterías y de los masoquistas del balonazo tras las metas rivales.


Foto: http://www.ciberche.com/